La queja

Mi refugio era la queja, el paso atrás, el silencio. Siempre habría un culpable. Vivía en el lugar más cómodo. La simple queja me ayudaba a seguir sintiéndome parte de esta sociedad de miedos. La acción siempre dependerá de otro, yo no tengo tiempo. Bastante hago con quejarme.

Los culpables fueron todos

Hasta las obras de aquellos seres eran efímeras. El corto espacio-tiempo de su presencia física marcaba su cultura, sus valores y sus prioridades… Quizás las fugaces ventajas de aquella era tecnológica establecieron el final de uno de sus ciclos.
Todos buscaron culpables… sin pensar que los culpables fueron todos.

En aquellos días de distancias,
el satélite desplegaba su novilunio, ofreciendo un nuevo espacio, una superficie donde hacer flotar los pensamientos de los seres que habitaban ese efímero espacio y tiempo.

La sombra del refugio





La sombra del refugio, en aquel país inhóspito, permitía mantener una pequeña esperanza. Sus seres, forjados desde la lítica, anhelaban las gotas de lluvia… pero aquellas no llegaban.

Crea un blog o un sitio web gratuitos con WordPress.com.

Subir ↑